Gracias a Yo Soy estamos vivas

escrito por Cindy Beall

No sentía nada.

Estaba entumecida en casa. Amaba a mi familia porque aún les estaba sirviendo, pero mi corazón estaba entumecido.

Estaba entumecida en el templo. Amaba a la gente que guiábamos, pero simplemente iba con la corriente mientras estaba ahí.

Estaba insensible a casi todo. Y aunque no me gustaba en donde estaba, simplemente no podía arrastrarme fuera de este lugar de solo existir.

¿Alguna vez has estado ahí? Ese lugar en el que solo llevas a cabo las mismas viejas rutinas porque eso se espera de ti y no tienes deseo alguno de hacerlo. En donde tu tan desesperadamente quieres volver a experimentar la vida y nada, ni siquiera ganarte un viaje gratis a Maui te puede hacer sentir mejor.

(Bueno, talvez te haga sentir un poco mejor.)

Sobre todas las cosas, protege tu corazón, puesto que todo lo que haces fluye desde el. Proverbios 4:23

Eventualmente descubrí porque estaba en este estado de entumecimiento mental. Deje de proteger mi corazón. Deje entrar en el tantas cosas no saludables, no puras, no verdaderas, no con amor y francamente no de Dios. Y cuando permites tantas palabras que empiezan con un no, tu corazón no puede ser no afectado. Solo es y el mío lo fue.

Luche contra esto haciendo exactamente lo opuesto a lo que había estado haciendo. Y si me refiero a luchar. En lugar de alimentar mi cuerpo y sucumbir a cada uno de sus deseos, decidí nutrir mi espíritu mejor. El cuerpo quiere lo que quiere, cuando lo quiere y cuanto quiere. Sabia esto y tuve que tomar acciones radicales contra ello. Entonces hice muchas cosas nuevas que realmente no eran nuevas, pero eran “nuevas para mi” puesto que no había sido fiel en hacerlas.

Ore más.
Venere más.
Leí la palabra más.
Escuchaba más podcasts y mensajes.
Leí más libros.

No me enfoque en parar de hacer las cosas que me estaban llevando al entumecimiento de mi corazón. Simplemente me enfoque en hacer las cosas que sanarían mi corazón tan dañado y entumecido. Empecé a sumergir mi mente en la Palabra de Dios y me agarré de su verdad. No permitía a mis sentimientos que dictaran mi vida. Escuchaba mensajes de hombres y mujeres piadosos, así como trasplantaban algo de su valentía en mí. Así mientras hacía estas cosas, me liberaban.

Y así mientras hacía estas cosas, mientras me impregnaba del Padre, mi corazón empezó a recobrar vida. Otra vez.

¿Qué tienes en tu corazón? ¿Qué tipos de cosas estas permitiendo que ocupen la mayoría de tus pensamientos? ¿Qué cosas son a las que escuchas o miras regularmente? Puedes preguntarte todas o algunas de estas preguntas. Pero la verdadera pregunta que debes hacerte es esta: ¿Qué estas alimentando? ¿Tu cuerpo o tu espíritu?

Como hijas del Rey más grande del mundo, tenemos todo lo que necesitamos para combatir este lugar de entumecimiento en nuestras vidas. Lo tenemos. Él deposito su poder en nosotros el día de nuestra salvación y tenemos todo lo que necesitamos para una vida de devoción. Somos vencedores en Cristo y podemos vencer cualquier sentimiento engañoso que este causando estragos en nuestras vidas.

Su poder es así de maravilloso.

Gracias a YO SOY, estamos VIVOS.

 

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