Lideréate

Escrito por Lori Wilhite

Hay algunas ocasiones en la vida donde puedo canalizar expertamente mi Katie Couric interna. Primero, cuando mis hijos se suben al auto después de la escuela. Los bombardeo con preguntas desde el momento en que hacen clic sus cinturones de seguridad hasta el momento en el que entramos al garaje. ¿Qué hiciste en clase? ¿De qué platicaste en el almuerzo? ¿Hubo algún drama hoy? ¿Te entregaron toda tu tarea? etc, etc.etc.

En segundo lugar, cuando estoy con amigos que comparten mi gusto por la televisión. Pregunto, y pregunto ¿Qué está grabado en tu DVR? ¿Cuál es el último capítulo que viste? ¿Qué hay en tu ‘lista’ en Netflix? ¿Cuáles son tus tres programas favoritos?
Y, finalmente, cuando tengo a alguien en el ministerio acorralado por unos minutos. Tengo una lista completa de preguntas para hacerles. Y no soy la única. Mi marido también tiene una lista. Hace años, cuando éramos jóvenes, libres de niños y bastante nuevos en el ministerio, Jud se sentó a cenar con un respetado pastor. Y así comenzó el interrogatorio. ¿Cuál es la mejor manera de llegar a la gente de tu ciudad? ¿Cuál es tu mejor consejo de liderazgo? ¿Cómo manejas los diferentes desafíos en el liderazgo? Y entonces mi marido hizo la pregunta difícil… “Estoy cansado. Estoy muy cansado. Me siento abrumado. ¿Cómo lo haces todo? ”
Ese pastor bajo su tenedor, miró al otro lado de la mesa y dijo: “Necesitas crecer. Lideréate, porque nadie más lo hará.”
* Ups * WOW. Ok. Eso fue un poco duro.
Pero, oh. Es tan, tan cierto.
En nuestros años de ministerio, nadie ha pedido nunca ver nuestros calendarios para asegurarse de que no estemos abrumados. Nadie ha aparecido nunca en nuestra casa para asegurarse de que tuvimos tiempo personal con el Señor esa mañana. Nadie ha venido a la oficina, ha llamado a la puerta y nos ha enviado a casa porque no hemos tenido suficiente tiempo en familia. Nadie nos va a liderar. Necesitamos crecer y liderarnos. Tenemos que tomar responsabilidad personal sobre nuestros presupuestos, nuestros límites y nuestros cuerpos. Tenemos que hacernos cargo de nuestros horarios, nuestras vidas espirituales y nuestro cuidado personal. Tenemos que dirigirnos a nosotros mismos, porque nadie más lo hará.
Me equivoco todo el tiempo. Sobrelleno mi calendario. Me pongo mi ropa atlética sin ninguna intención de hacer ejercicio. Digo que sí a cosas cuando claramente debería haber dicho que no. Dejo mi Biblia descuidada por demasiado tiempo. No paro para descansar y tomar tiempo para mí.
Pero afortunadamente, Sus misericordias son nuevas cada mañana. Cada día es una segunda oportunidad para hacer las cosas bien.
Como dice el gran teólogo Jack Bauer: “Parte de tener una segunda oportunidad es asumir la responsabilidad de lo que hiciste mal la primera vez”.
Por lo tanto, hoy podemos tomar nuevas decisiones. Asumir nuevas responsabilidades. Crecer un poco. Y liderarnos a nosotras mismas.

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