Muévete

Escrito por Heather Palacios

De acuerdo con el Centro de Control de Enfermedades, un estudio de investigación en 2014 concluyó que a través de todas las razas y etnias, la principal causa de muerte para las mujeres estadounidenses es la enfermedad cardíaca. También de acuerdo con el CCE, una de las cuatro principales formas de prevenir las enfermedades del corazón es mantenerse activo! Es decir, moverse! Como mujeres en el ministerio, ponemos tanto tiempo y atención en mantener el “espíritu” de nuestro corazón, pero a menudo descuidamos el “órgano” de nuestro corazón. La Biblia dice en Mateo 22 que ames al Señor con TODO tu corazón. En mi interpretación, “todo” significa el espíritu y el órgano de nuestro corazón.

Desde la universidad, he mantenido un régimen de ejercicio. Cuando se trata de ejercicio, estoy convencida por la verdad según la Biblia de que mi cuerpo es un “templo” (1 Corintios 6:19.) Y así como yo no entraría en mi “templo”, Church by the Glades, este fin de semana fumando, tampoco quiero ser negligente con mi cuerpo. Me gustaría compartir un par de razones por las cuales necesitamos movernos continuamente.

Primero, la Biblia habla a nuestros cuerpos físicos en muchos versículos. En 1 Timoteo 4 leemos que “los entrenamientos en el gimnasio son útiles”. Génesis 1 dice: “Dios creó al hombre y dijo que ‘era bueno.'” Y en el Salmo 139 dice: “Nos entretejió”. Combinadas estas escrituras nos enseñan que Dios sabía lo que estaba haciendo cuando nos creó. Y como parte de Su creación incluye músculos, articulaciones, órganos y tejidos que necesitan un cuidado apropiado para que nuestros cuerpos puedan funcionar correctamente, necesitamos hacer ejercicio.

En segundo lugar, el ejercicio añade la energía que necesitamos para perseguir el destino y el llamado que Dios tiene para nosotras! Por último, Dios podría haber diseñado nuestros cuerpos para mantenerse sin ejercicio, pero no lo hizo. ¿Por qué? Porque darnos esta responsabilidad no sólo nos ayuda físicamente, sino que nos ayuda espiritualmente. Cuando hacemos ejercicio, aprendemos disciplina, una lección que trasciende la parte física de nuestras vidas. Pablo, uno de los más grandes misioneros, dijo: “Yo disciplino mi cuerpo como un atleta, entrenándolo para hacer lo que debería. De lo contrario, me temo que después de predicar a otros, yo mismo podría ser descalificado. “(1 Corintios 9:27)

El ejercicio no es sólo para los atletas. Es para todos y todos podemos heredar muchos beneficios de el. Hoy, ora y pregúntale a Dios cómo puedes agregar esta disciplina a tu vida diaria. Para ideas sobre cómo comenzar un régimen de entrenamiento GRATIS, envíame un correo electrónico a Heather@wondherful.com

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