SALVATE

Escrito por Kaylee Zentai

Pasé muchos años en un mar de depresión. Sentía que las olas que me ahogaban, iban y venían, seguidas por temporadas donde me sentía como flotando felizmente mientras el sol me llenaba. Siempre había sentido que esto era normal, esta no era la vida que Dios quería para mí, pero estaba demasiado asustada para hacer algo para arreglarlo o incluso para reconocer que había algo que arreglar. Después de ocho años de negación, finalmente toqué fondo y tomé la decisión de hacer algo al respecto. Empecé a ver a un consejero cristiano para hacer frente a mi depresión y qué la cosa mas aterradora y vivificante que he hecho.

Recuerdo como si fuera ayer, los primeros minutos de mi primera sesión con mi consejero. Admito que estaba nerviosa. Cuando ella me preguntó, por qué le había dicho eso, le contesté que sabía que había cosas rotas dentro de mí, pero tenía miedo de descubrir que estaba peor de lo que pensaba y tal vez no tenía remedio. Nunca olvidaré su respuesta, mientras ella amablemente sonrío; “Pero no crees que el Dios que te creó, sabe arreglarlo perfectamente?” Y con eso me sumé al viaje de rescate.

No sé que tipo de mar puedas estar nadando. Tal vez tu mar es uno de depresión como el mío. El tuyo puede ser un mar de aislamiento, vergüenza, miedo, ansiedad o adicción. Si bien puedes sentir que te estas ahogando, hay esperanza en poder tomar las medidas necesarias para salvarte y comenzar a nadar con seguridad. Entonces, cuáles serían esos pasos y cómo podemos implementarlos mejor?

Admite tu problema.

El primer paso para salvarte es reconocer que algo está mal. Nunca podrás empezar a nadar a salvo, si primero no aceptas que te estás ahogando. Esto puede tener un aspecto diferente, dependiendo del problema. Para mí, tuve que admitir que con lo que estaba lidiando, era más allá de un simple mal momento en mi vida, era algo mucho mas serio. No podemos ignorar nuestros desafíos y esperar a que ellos mejoren.

Ten la determinación de comenzar a nadar. 

El proceso de rescate puede ser aterrador, incluso en los ambientes mas seguros. Las heridas pueden ser reabiertas y puedes descubrir cosas que te importarían. Cuando éstas cosas comiencen a suceder, aférrate a este versículo:

“Yo te pido que seas fuerte y valiente, que no te desanimes ni tengas miedo, porque yo soy tu Dios, y te ayudaré por dondequiera que vayas. Josué 1:9”

A los pocos meses de mi viaje, pensé que estaba haciendo grandes progresos, pero luego, algo descubierto me trajo de vuelta los sentimientos de ahogamiento. Yo estaba cegada por ello y me sentí muy desalentada. Pero en lugar de ceder a mi sentimiento, me mantuve firme. Me negué a que esa ola me regresara y me robara el progreso que había hecho. Debido a que Dios siempre está con nosotras, no debemos tener miedo a descubrir estas cosas, a darnos cuenta de cuán profundo y grande puede llegar a ser nuestro dolor. Podemos determinantemente, comenzar a sanar con la ayuda de Dios.

No hay una mejor manera de comenzar a tomar estos pasos hacia la recuperación. Para mí, fue encontrar a un consejero cristiano. Empezamos a reunirnos semanalmente (aunque hubo algunas ocasiones que nos reuníamos cada dos semanas), pero la frecuencia ha disminuido en función de la temporada. Para tí, tal vez pueda ser, encontrar algún mentor, confiar en una amiga cercana, o unirte a un grupo. Sea cual sea el camino que elijas, hazlo valientemente con Dios y con el tiempo, tu mas comenzará a parecerse mas como un charco.

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